En el momento de ser admitido como miembro de la profesión médica, ante mis maestros, familiares y compañeros, que han sido los artífices de mi formación, juro que:
Consagraré mi vida al servicio de la humanidad
Guardaré a mis maestros el debido respeto y gratitud o consideración
La salud de mis pacientes será el objetivo prioritario de mi trabajo. Emplearé mi tiempo y mis conocimientos al servicio del enfermo: curaré en lo posible, aliviaré cuanto pueda y consolaré siempre. Acompañaré y reconfortaré a quienes estén en trance de morir.
Respetaré los secretos que me fueren confiados y todo aquello que con ocasión o consecuencia de mi profesión pudiera haber conocido y no debiera ser revelado.
Consideraré a mis colegas como a mis propios hermanos y no formularé a la ligera juicios contra ellos que pudieran lesionar su honorabilidad y prestigio.
No admitiré que perjuicios de religión, nacionalidad, raza, partido político o nivel social se interpongan entre mi deber y conciencia.
No prestaré colaboración alguna a los poderes políticos que pretendan degradar la relación médico enfermo, restringiendo la libertad de elección, prescripción y objeción de conciencia.
Guardaré el máximo respeto a la vida y dignidad humana. Me negaré, incluso bajo la coacción a utilizar los conocimientos médicos para fines contrarios a las leyes universales del hombre.
Respetaré siempre la voluntad de mis pacientes y no realizaré ninguna práctica médica o experimental sin su consentimiento.
No realizaré experimentos que entrañen sufrimiento, riesgo o que sean innecesarios o atenten contra la dignidad humana. No admitiré la investigación biomédica en seres humanos que no haya sido aceptada por la Asociación Médica Mundial.
Mantendré la noble tradición médica en lo que a publicidad, honorarios y dicotomía se refiere.
Procuraré mantener mis conocimientos médicos en niveles que me permitan ejercer la profesión con dignidad y seguridad.
Si llegado el momento en que mis conocimientos o facultades no fueran las idóneas para el ejercicio profesional, y no abandonase éste voluntariamente, pido a mis compañeros de hoy y del mañana que me obliguen a hacerlo.
Hago estas promesas solemne y libremente, bajo palabra de Honor, en memoria de Hipócrates, Maimónides, Avicena, Percival y tantos otros que ofrecieron su vida en defensa del honor de los médicos y de la ética de sus actuaciones.
Si cuanto hoy voy a jurar lo cumplo, que mi recompensa sea gozar de la vida que el noble arte de curar brinda a los médicos buenos, por el contrario si quebrantase este juramento, que la vida se encargue de hacérmelo ver, en paz, pero en verdad.
Granada, 25 Junio de 2006